¿Sabes cuántas veces me han preguntado lo mismo? Casi nunca respondo, y cuando eso pasa, jamás digo lo mismo. Quizá porque nunca soy el mismo, ni lo mismo.

Ayer sonreía por nada, por el antes. Hoy sonrío por ayer –ya no lo recuerdo exactamente igual a como parece ser que sucedió – la malo de la fotografía es que no se ve. No soy el que imaginas, ni el que miras.

Soy todo lo que nunca pensaste, el de ojos llenos que te abraza y hace de tu día un lugar menos turbio.