13 de mayo, 2009

Al día siguiente, ya con medicamentos el cuerpo comenzó a carburar mejor, pero debía ir a la consulta que me ordenó la doctora. Asi que a las 11:30 am, me dirigí de nuevo al IMSS, esta vez a la zona de consultorios. Para que puedan atenderte, debes obtener ficha, que es el turno en el cual entrarás a ser revisado por el médico.

Llegué a mi consultorio y pregunté quién era la última persona en haber llegado y llevar el turno en orden. Me tocaba después de un par de señoras que debatían acaloradamente acerca del poder de Dios en los menesteres médicos y laborales. Yo me dediqué a leer cuentos de Mario Benedetti, hasta que diera la 1:30 de la tarde, que es la hora en que se reciben los carnets y se designa la hora de consulta.

Entre cuento y cuento, el tiempo fue pasando, del mismo modo que pasaban personas en estados lamentables detrás mío, hacia Urgencias o  algún consultorio: brazos fracturados, reumatismo y otras enfermedades que no son visibles a simple vista por alguien que no tiene  conocimiento.

Ya eran la 1:40 pm, cuando una señora regordeta, con la apatía y flojera arrastrando, nos pidió los carnets. Acto seguido, se sentó en el escritorio y comenzó aparentemente, a vaciar los datos en la computadora. Sin embargo, lo hacia con mucha lentitud, combinándolo con su cocktelito de frutas. Para las 2:15 pm, se levantó, se metió al consultorio, dejó los carnets y se limitó a sentarse y seguir comiendo, mientras todos los que estábamos ahí, la mirábamos con desprecio y sin comprender su actitud despreocupada.

Todo esto, se debía a que el señor Doctor, no hacía acto de presencia y no se podía hacer mucho, salvo seguir esperando.

Hacia las 3:30 pm, hizo su llegada triunfal el señor de la bata blanca y, del mismo modo que la noche anterior, lentamente, muy lentamente, fueron pasando las personas a consulta, incluso de otros consultorios, debido, nuevamente a la falta de doctores. Afortunadamente, tuve el 4to. turno, sin embargo, detrás mío, había personas en un estado más delicado. Todos estábamos sin comer, algunos con un niño en brazos o manteniéndolo distraído para que no se volvieran locos o estirando las piernas.

Entré, me dio el diagnóstico, confirmando la infección de garganta y la entrega de receta para medicamento.  A las 4:00 pm, apenas estaba tomando  la pesera (transporte chilango) para volver a casa.

Estuve 4 horas en el IMSS, y todo por la falta de educación de enfermeras para decir la hora de tu turno, hacer el trámite como si fuera un favor y encima, comen frente a todos, sabiendo que los que estamos ahí no hemos comido y llevamos mucho tiempo esperando. Médicos que llegan tarde y de no ser porque yo tengo un conocimiento más amplio respecto a lo que me están recetando y un hermano Médico Veterinario, descubrimos que duplicó la dosis de Paracetamol.

Este medicamento, ya se encuentra en dosis de 500 mg  en tabletas llamadas Bregamin FC (Clorfenamina Compuesta), y además recetó otros 500 mg en pastillas de Paracetamol cada 8 horas. Este exceso puede provocar daños renales severos.

La receta fue: Amoxicilina cada 8 horas (antibiótico derivado de la penicilina, muy efectivo contra microorganismos).

Paracetamol cada 8 horas (fármaco antinflamatorio, analgésico y antiséptico).

Clorfenamina Compuesta  cada 12 horas (compuesto químico utilizado como fármaco antihistamínico).

Naproxeno  cada 12 horas (antinflamatorio)

Como ven, el tratamiento es adecuado, sin embargo, las dosis y cantidades son erróneas y mal calculadas. Otra persona que no tuviese esta información o al menos, la curiosidad de saber qué le están recetando, puede tener complicaciones que poco tendrían que ver con una infección en la garganta. El Doc. no se preocupó tampoco por decirme qué me estaba dando, se preocupó más por llamar por su celular a su esposa o amante.

Asi pues, he quedado desilusionado de nuestro sistema de salud Mexicano, es deficiente y mal organizado, por eso hacemos de cualquier gripe una epidemia, porque no tenemos la cultura educativa y de investigación científica correctas.

Tenemos que estarle pidiendo ayuda a otros países y preferimos darle dinero al futbol y a las campañas de partidos políticos fraudulentos. Preferimos hacer festejos bicentenarios, en lugar de promover la investigación científica y optimizar los centros de salud nacionales. Es una lástima desperdiciar a médicos e investigadores excelentes.

Por lo tanto y en resumen, no nos morimos por epidemias, nos morimos por negligencias y malas organizaciones en el sector salud de México.