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En el 2001 comenzó el proyecto, pero no fue hasta el 2006, que tras muchas revisiones y cambios, quedó definitivamente creado Terciopelo. Sin embargo, a través del tiempo, fui modificando algunas partes; incluso poemas enteros.

 

 

Aquí tienen el Prólogo y una breve selección de escritos incluidos en la primera edición.
PRÓLOGO
 
Aarón Zoé: complicada y sencillamente descriptible. Un hombre que apresa con su poesía, sus óleos; puedo decir que es un hombre lleno de amor y pasión, que cuando el amor lo inunda, emana hasta por los poros la poesía de su alma; esa poesía que te abraza y antes de que te des cuenta, estás ya involucrado en cada palabra, en cada verso.
Como lo dice en el poema “Abrázame”: “Abrázame y dime lo que sientes en mi oído…”; eso nos dice Zoé en su poema y pareciera contestarnos en este libro, lleno de una magia terciopelada, como si él fuera traductor del alma; pues debemos saber que su principal inspiración es el amor, del cual bien sabe su lenguaje con palabras en su poesía y sin ellas en sus pinturas; siendo el alma el santuario de tan hermoso sentimiento: el amor.
Leer Terciopelo es mirar a los ojos a Zoé; entre las líneas de cada poema es mirarse a sí mismo y sentirse descubierto al darse cuenta que se es parte del amor, el sentirse preso de éste, como lo muestra en “Eterno amor”.
“Amar aumenta el riesgo” quizá sea cierto, pero eso sólo lo sabe cada cual, es muy subjetivo, pues cada quien ama distinto, pero estoy convencida: Terciopelo es para los amantes del amor que arriesgan todo al amar.
Al leer “Tú no puedes evitarlo”, “Trata de verme”, “Hazme esperar”, “Una mordida al besar”, ”Mátame”; me doy cuenta de que “¿No es suficiente amarte?” Es una pregunta que todos nos hemos hecho o nos haremos, porque Zoé nos demuestra que amar va más allá de la vanidad, del dolor, la soledad, la muerte y justamente en “Tiempo de volar” nos recuerda que después de la muerte se sigue amando.
Terciopelo es más que un libro, es el escenario que nos muestra a un artista revelación, y me siento profundamente afortunada de ser parte de tal hecho, y es que conocer a Aarón Zoé como poeta, pintor, diseñador y quién sabe cuántas cosas más que su brillante alma, imaginación y creatividad le permitan, es ya un privilegio; pues es magnifico para mí decir que como amigo es aún incuantificablemente más valioso.
 
Ojalá querido Zoé que,como nos lo dices en el poema “El niño”:
”El niño no duerme tranquilo si no escribo algo
y si no le gusta me deja desvelado…”,
sigas desvelándote y dándole a ese niño paseos en tu corazón para entregarnos tu misteriosa, apasionante e ilustre poesía. Sigue escribiendo así, tan prodigiosamente.
 
Rocío Benavides Santana
México, Distrito Federal, 23 de Marzo de 2006.
 

TÚ SIGUES DESPIERTA

Tú sigues despierta
desde que sientes amor
en el corazón.

 

Siempre quieres amar,

estás de pie esperando sentir

caricias en tu cuerpo;

nadie se da cuenta

de tu dolor.

 

Rota tu alma

por amor,

ilusionada

por amor.
Sabes que te seguiré

y te diré mi dolor.

 

Te besaré sin que lo sepas,

lo sentirás en tu corazón.

Tu corazón despertará

cuando yo duerma.

 

EL NIÑO

Dejé salir al niño,

porque ya no le aguanto el paso;

siempre quiere jugar

o salir al campo.

 

El niño no duerme tranquilo

si no escribo algo

y si no le gusta

me deja desvelado.

 

A veces asoma su carita

por mis ojos

y mira la niña vecina,

esa que lo mira

refugiada en su guarida.

 

Y el niño se pone a jugar

queriendo olvidar

esas trenzas

que lo hacen delirar.

 

Pero pronto se vuelve a asomar

y husmea todo lo que veo,

me dice que se aburre,

que le invente un juego

y entonces en mi corazón

le doy un paseo.

 

TENIÉNDOTE

“Te haces falta”,

me dije ayer

antes de creer

que estoy aquí.

 

Te confieso tus días,

cruzas los ausentes espejos:

ilusiones reales

de mi frágil cuerpo.

 

“¡Qué falta te hace

estarte faltando!”,

me dediqué para ti;

me aprendí cada línea de tus ojos

mirándome en ellos.

 

Quiero que me faltes

para extrañarte

teniéndote al menos.

 

AUMENTA EL RIESGO

Tengo amnesia

por recordarte tanto

y me duele la cabeza

por el corazón

que por ti late tanto.

 

Desvelado por dormir

soñando contigo;

con cáncer en el alma

por fumar tu aroma

y saber que el filtro indiferente

aumenta el riesgo de amarte…

 

SOY OTRO

 (No puedo tenerte si soy otro,

no me quieres si soy yo)

 

Soy otro,

el que nunca está en otro lado,

el que nunca llega aquí.

 

Soy el otro lado

al que nunca llego,

otro invierno, otro tiempo;

calor extraño,

frío desconocido.

 

Soy el otro que tú no conoces,

el que nunca quisiste conocer.

Soy otra hora silenciosa,

corazón con ceniza en la boca.

 

Soy otro porque siempre

es lo mismo.

Soy el otro que hace

siempre lo mismo,

el mismo que siempre

es otro.

 

Soy otra sangre,

una idea absurda

que nunca comete errores

para equivocarse;

soy el otro que te quiere,

el que es remendado,

pegado a una herida.

 

Soy el otro que no hizo esto,

el que nunca es el mismo

y siempre es otro.

 

NO PIDAS NADA A TU CORAZÓN

No pidas nada a tu corazón

porque tú lo eres;

si debes pedir algo

sería no conformarse con pedir.

 

No debes pedir, exige quizá

que no haya tregua

y que la sangre cuajada en las heridas

tape el dolor de mirar a alguien.

 

No pidas una salvación

y jures en secreto tu perdición,

no permitas que palpite

ni lo hagas palpitar.

 

Tómalo de anzuelo

y lánzalo lejos,

algo o alguien lo tomará

y entonces por sí solo regresará.

 

TIEMPO DE VOLAR

(A Bernardino Becerril)

Te abrieron el cuerpo,

te buscaban el alma

entre los órganos

o en la garganta.

 

Le daban un motivo,

una excusa

al simple hecho

de que te tocaba.

 

Era tu tiempo

de ir a volar,

de dejar tu cuerpo,

de convertirte en el mar.

 

Mi madre te espera,

te piensa,

cree que estás en casa;

que cuando vuelva

te encontrará esperándola

en la puerta.

 

Pero no estarás en la puerta,

estarás en el viento,

en el calor del verano;

en la brisa del mar

y en el perfume del campo.

 

Te abrieron el cuerpo

y no encontraron nada,

sólo tu cuerpo

y dentro del corazón

un hueco donde tenías

el alma guardada. 

 

TERCIOPELO

No mueras conmigo,

prefiero morir en ti;

morir en ti de nuevo

aunque tú no quieras.

 

El amor es como la muerte:

es inevitable;

duele

cuando sabes que viene,

duele más

si no llega.

 

De telarañas me alimento,

los pecados son mi refugio,

tú la condena.

 

Condena azul y negra,

de vidrio con flores;

de tormentas y mares,

de esperanzas, con ilusiones.

 

Ámame antes de que caiga

el último pétalo en el sepulcro

de nuestro amor;

que sea un momento eterno

y entregar mi alma

en tus manos

de terciopelo.

 

Entonces no lloraré más,

estaremos demasiado vivos,

demasiado muertos…

demasiado nos amamos.

 

Con terciopelo cubro

nuestro último aliento

y despertará

nuestra verdadera vida…

 

MÁTAME

Mátame

de una vez

que estoy agonizando,

agonizando lento,

deshecho.

 

Mátame ya,

que no me das

tu medicina.

 

Mátame

antes de que muera así.

 

Mátame

con un beso,

yo me encargo del resto

y tú vete de aquí.

 

ETERNO AMOR

Te pintaré en lo escondido

de esta larga noche;

más que ilusión,

es desesperación.

 

Si Dante hubiera escrito

acerca de mí:

¿En dónde me hubiera puesto?

El infierno es poco,

el cielo demasiado,

un  purgatorio no es para mí.

 

Quizá me hubiera dejado

junto a ti:

junto al eterno amor.

La historia comienza hace 8 años, allá por el año 2001; cuando el país estaba aún convulsionado por los giros políticos, la aparición y popularización de la música casera, estallaba el Internet y rápidamente la digitalización dejaba atrás los trabajos a mano o máquina de escribir.

Yo estaba a mitad de la Preparatoria, en medio de todo un proceso más que tortuoso y confuso para descubrir qué era lo que realmente quería hacer conmigo. Siendo bombardeado por muchas ideas, tendencias filosóficas trascendentales de poco argumento sólido e influenciado por mucha gente para bien y para mal.

En esos días ya tenía escritos una cantidad, al menos para mí, decorosa y suficientemente amplia como para presumir. Ya había escrito poemas que ahora me resultan indispensables y clásicos, como “Imagina”, “Humo y perfume” y “Eterno amor”.

Fue entonces, cuando una tarde que me dediqué a leer todo, absolutamente todo lo que tenía escrito, así fueran sólo versos errantes y hasta frases incompletas, que se me ocurrió, vagamente aún, pero ocurrencia al fin, hacerlo público, porque hasta entonces sólo los mostraba o leía a gente cercana o los regalaba incluso para el proceso seductivo de alguien más.

¿Qué poemas estaban en esa primera lista? En un principio, ¡eran más de 40! Por supuesto, eran muy cortos, de apenas 5 renglones o menos, sin mencionar que yo no tenía la más remota idea y conciencia de las formalidades de un libro, mucho menos de clase poética. Creo recordar que los primeros que supieron de mi intención editorial, fueron José Luis, Mario (con quienes, incluso, escribí 2 o 3 pseudo-poemas muy chaketos, como definíamos a todo lo que hacíamos) y mi hermana… Recuerdo algunos poemas de esa primera lista: “El lugar de las aves”, “Cosas & Pornografía”, “Se me olvidó amar”, “Vapor en las nubes”, “Es más fácil decir que no” y “Klang”. Muchos de esos poemas aún los conservo, prácticamente todos, pero,  algunos se han quedado perdidos en mi memoria y guardados debajo de polvo y telarañas; tal vez,  un día me dan ganas o estoy en uno de esos momentos inspirados y pueda revivirlos.

Sin embargo, a pesar de ya tener la intención de publicarlos, no tenía aún título para el proyecto… y no lo tuve durante mucho tiempo, en parte por otras distracciones (intelectuales y ociosas) que se atravesaban. Continuaba escribiendo, pero sin pensar demasiado, prácticamente sin tenerlo en mente, el agregarlos a esa lista kilométrica; y tuvo que pasar casi un año, para revisar esos 40 poemas y darme cuenta de que me parecían obsoletos e inadecuados para que los leyeran. Por supuesto que ya tenía más clara y enfocada la idea de un libro por ya haber leído otras obras, no sólo de poesía, sino enciclopedias, revistas, literatura general y hasta periódicos de resistencia y contra-cultura.

…De pronto, mientras deambulaba por el centro de Cuajimalpa, vi una manta que invitaba a jóvenes escritores a un concurso de poesía para celebrar el día de muertos. Regresé a casa y casi como un autómata me encerré en la habitación para evitar interrupciones y escribir algo  para entrar a ese concurso. Tenía algunos versos y frases sueltas… y me pareció  que todas juntas decían más o menos lo mismo y coincidían con esa idea mortuoria. Los junté, agregué, quité algunos fragmentos o palabras, ponía otras… Y entonces, sucedió: nació “Terciopelo”, cuya primera versión, fue leída por mi madre, a quien le comenté sobre el concurso. Fue ella quien me pidió que la frase: “…que sea un momento eterno y entregar mi alma entre tus piernas de terciopelo.” fuera sustituida por “…entre tus manos de terciopelo.” (Dicha frase ahora ha sido devuelta a su estado original). Pero cuando la llevé para entrar al dichoso concurso, resultó que era sólo para estudiantes de Secundaria. Regresé hecho un energúmeno y estuve a punto de tirar a la basura el papel donde había escrito a Terci (así lo apodo de cariño).

Pero, la frustración desembocó en algo inpensado para mí; el sentir la necesidad de escribir diario. Y lo cumplí. No pasó una noche del resto del año 2002 sin escribir, al menos, un poema. Ahí fue la curva, donde muchos que han leído, si bien no todo, por lo menos 80% de mi obra, coinciden en asegurar que es en esa etapa donde se ve la definición de mi estilo para escribir.

Nacieron versos como los que hay en “El sueño de Dios”, “Vida”, “Tequila y algo de porcelana”, “Juntos”, “Ghumilcab”y “Café”, entre otros muchos. Fue así que de nuevo, quise proyectar y cristalizar la idea de publicar mis poemas, pero esta vez sí pensé en el título. Y hubo muchos… Lápiz sangrando, El corazón del cerebro, Antes de nada, Río tiempo, Quasar y un par más que no recuerdo. Pero hubo uno que se llevó la alta gracia, en parte por decisión propia, pero sería más justo y en honor a la verdad, mencionar que fue por hacer una mini-encuesta entre mi grupo de amigos preparatorianos preguntándoles qué título les gustaba más. Y ganó uno, que por poco habría sido el definitivo, incluso hasta hoy: Reflejos.

Pero decidí que no sería ése, porque a los 3 o 4 días, por mera casualidad, escuché el mismo título en la TV, mientras hablaban de la vida de Xavier Villaurrutia. Así, el saber que uno de sus poemarios tenía ese nombre, opté por no usarlo; no quería parecer una copia o incluso ser comparado con alguien más. Y nuevamente, el proyecto se quedó estancado.

Para mediados de 2005, el amor, se dedicó a golpearme hasta el cansancio, y llegaron las grandes inspiraciones y desveladas no sólo de una noche, sino de semanas enteras. Fue una etapa muy fructífera y realmente intensa, no sólo en lo personal, sino también creativamente. Aparecieron clásicos, indispensables alboradas para quien llegue a interesarse por mi obra: “El niño”, “Hazme esperar”, “Llenarla”, “Teniéndote” o “Abrázame” son los referentes inmediatos. En 6 meses escribí más de 180 poemas.

Y luego… el caos… las depresiones y todo lo que eso implica. Obviamente que todo se tornó oscuro y frágil.

Pero, sin saber cómo, ni cuando… todo se volteó. El 2006 fue el año de los descubrimientos y cambios en un sentido de maduración y estabilización personal. Todo se juntó para crear una atmósfera armoniosa. El cosmos se confabuló para que pudiera disfrutar una época muy feliz.

Fue tal mi motivación y empuje energético que me llegó y que me dieron, que forcé las cosas incluso, para publicar, de una vez por todas mis poesías. Y comencé, 6 meses antes a hacer la selección de los poemas… y como no me podía resolver entre tantos, decidí escribir en papeles el titulo de cada uno, y meterlos en una bolsa de plástico. Fueron 60 papelitos y determiné sacar sólo 30, el orden en que surgieran sería el definitivo para la edición. De hecho, aunque yo en principio pensara que sería totalmente al azar, terminé por asumir que el azar tiene muy poco que ver con esto. Y llegó el momento del título, ¿cómo salió? Fue mientras estaba leyendo una y otra vez los 30 definitivos y me di cuenta que la temática del libro iba más por esa sensación ambigüa de sentir, sin pensar ni en la causa o los efectos secundarios, y lo primero que me vino a la mente, fue la imagen de un terciopelo… esa textura. El terciopelo da la impresión de oscuridad, misterio, pero también de sensualidad, sosiego y relajamiento. Sentir, nada más sentir, no pensar. Y coincidió (¿O tal vez no?) con ese poema que estuvo a punto de ser borrado del mapa.

Y comencé enviando la propuesta a las diversas editoras de la ciudad, tanto comerciales como independientes, llamando por teléfono, enviando correos electronicos. Pero las respuestas siempre fueron negativas o dando largas.

Comenzaba a darme por vencido… hasta que, como caída del cielo, conocí a la Sra. Sagués, escritora a quien le comenté sobre mi faceta literaria y me puso en contacto con su editor, el Sr. Héctor Sumano, residente en el Estado de México, en la ciudad de Toluca, para ser preciso; me entrevisté con él un Martes a las 4… y me hizo ver que puedo escribir mejor y decidirme a perder el miedo a expresar lo que realmente siento. Y funcionó. Siento que mi poesía, por fin está como yo quiero, aunque sea más decorativa que antes y por momentos ambientalista en exceso, pero sin perder mi estilo. Así que me dediqué a re-armar mis viejos (y no tan viejos) escritos y el resultado, cinceramente, es alucinante. Muy hacia adelante, lejos quedó la tendencia triste y lejana que se percibía. Lo veo como si fuera un disco de Rock, potente y alentador. Ahora, sólo resta afinar detalles meramente litarios, diseño y edición para que por fin, Terciopelo vea la luz… y ¿por qué no? Tal vez quienes lo lean, también puedan ver luz, mucha luz.

Tenemos de…

Por si no sabes en qué día vives

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